La arquitectura ecológica,
se plantea los proyectos en términos mucho más amplios
que la arquitectura convencional, desde la posición del edificio
respecto al sol y el ecosistema regional, hasta la cualidad ecológica
de los materiales: su extracción, los procesos de producción
limpia, las condiciones sociales de su producción, la eficiencia
y uso durante su vida útil, y la capacidad de ser reciclados.
La arquitectura ecológica
plantea integrar las acciones y obras humanas en los ciclos energéticos
y de materiales del entorno donde se asienta. La capacidad de recoger
al agua del entorno inmediato, y de recoger energía solar o eólica
son los primeros ejemplos.
Paralelamente conocer los
materiales de la comarca, las técnicas, así como las condiciones
climatológicas, forma parte del proceso de diseño. Esto
no quiere decir estancarse en técnicas ancestrales, a menudo
olvidadas, si no justo lo contrario investigar las técnicas alternativas
adecuadas, y proponer la actualización con los recursos de que
disponemos actualmente.
La organización
arquitectónica hacia el sol posibilita el funcionamiento bioclimático
del edificio, y potencia la autosuficiencia energética de los
usuarios. El bioclimatismo introduce elementos hasta ahora atípicos
en la construcción convencional: invernaderos, muros trombe,
grandes ventanales y aleros, muros y cubiertas muy bien aisladas, o
bien patios de luz, captadores de viento, sistemas enterrados para aire
fresco natural, pasos de agua, jardineras interiores, y volúmenes
interiores para la carga térmica.
El conjunto de la propuesta
de la Arquitectura ecológica nos ha de aportar la posibilidad
de vivir con más salud y armonía con el medio, contando
con que esta salud y armonía hace falta contemplarla a todos
los niveles energéticos, que interactuan entre nosotros y el
resto de seres vivos y elementos de todo el universo.